Atreverse a liderar el cambio en la movilidad global: reflexiones sobre propósito, IA y gratitud

A veces, para encontrarte, tienes que aceptar que estás perdido. O al menos, que el mapa que estabas usando ya no coincide con el terreno que tienes bajo tus pies. Te hablo desde ese lugar donde la vulnerabilidad se mezcla con una extraña sensación de libertad. Es ese momento exacto en el que dejas de sostener lo que fue para abrir las manos a lo que está llegando.

Durante años, mi identidad estuvo estrechamente ligada a Vicenza y a otras consultoras migratorias. Todos estos fueron capítulos que permitieron escribir un nuevo libro, fases que si bien ya han finalizado, y se concretaron con buenos resultados – como lo fué liderar Vicenza en su momento, como CEO de la empresa, y junto a todo el equipo remar en dirección al ranking Exame de las empresas que más recieron en el 2024 -. Si me hubieras preguntado hace un tiempo, te habría dicho que esa era mi cima. Estábamos ayudando a personas, sí. Estábamos moviendo expedientes, resolviendo burocracias, acortando distancias geográficas. Pero dentro de mí, algo empezó a susurrar que no era suficiente. No se trataba de falta de éxito, sino de una llamada hacia algo más profundo. Cerrar esa etapa no fue un fracaso, fue un acto de coraje. Fue admitir que mi propósito había evolucionado.

Me di cuenta de que el mundo de la movilidad global suele ser un club exclusivo, lleno de barreras invisibles y costos que dejan fuera a quienes más necesitan una oportunidad. Ahí fue donde nació mi obsesión: democratizar el acceso a la movilidad global. No quería que mudarse de país fuera un privilegio de unos pocos con suerte o recursos que así lo permiten. Quería que fuera un derecho accesible, fluido y, sobre todo, humano. Y para lograr eso, entendí que no podíamos seguir haciendo las cosas de la misma manera. Necesitábamos innovación real. Necesitábamos que la inteligencia artificial y la tecnología dejaran de ser palabras de moda para convertirse en puentes reales que eliminaran la fricción del proceso migratorio.

Cuando hablo de democratizar, no me refiero solo a bajar precios. Me refiero a devolverle la autonomía a la persona que está del otro lado de la pantalla, o del otro lado del escritorio. Imagina a alguien en un rincón del mundo con un talento increíble pero sin el mapa correcto para moverse. Mi misión ahora es construir ese mapa, uno que sea inteligente, que aprenda y que esté disponible para todos, no solo para quienes pueden pagar una consulta de miles de dólares. Es pasar de la consultoría tradicional a la solución sistémica.

Luego de haber salido de Vicenza y finalizar un capítulo, decidí fundar EvocentMobility.com. Y si te soy sincero, dar ese salto dio miedo. Fundar una startup desde cero, con una visión que busca revolucionar un sector tan rígido como el migratorio, requiere una dosis importante de lo que yo llamo confianza salvaje. Pero la magia ocurre cuando te atreves a ser visto en tu totalidad. De repente, las puertas empezaron a abrirse.

Hoy, Evocent no es solo una idea en mi cabeza. Es una realidad que forma parte del ecosistema de innovación de Hotmilk, en la PUC/PR. Estar ahí, rodeado de mentes que desafían el statu quo, me recordó por qué elegí este camino. Pero el reconocimiento no se detuvo ahí. Logramos que Google For Startups y AWS Startups pusieran sus ojos en nosotros y nos integraran en sus programas. ¿Sabes lo que eso significa para alguien que empezó con poco más que una visión? Es la validación de que el camino de la innovación, aunque solitario a veces, es el correcto. Estas alianzas nos dan el músculo tecnológico para que esa democratización de la que hablo sea una realidad tangible, escalable y poderosa.

Pero mientras construímos un nuevo futuro con Evocent, mi corazón tiene un ancla muy firme en el presente y el pasado. Whooo, nuestra empresa más antigua, acaba de cumplir 16 años. Dieciséis años. En el mundo de los negocios, eso es una eternidad. Mantener una organización viva y relevante durante tanto tiempo no sucede por accidente. No se trata de suerte, se trata de cultura.

En Whooo aprendí que una empresa solo es sustentable si tiene un alma. Logramos integrar el propósito no como un slogan en la pared, sino como el motor de nuestro modelo organizacional. ¿Cómo lo hicimos? Poniendo a las personas primero. Implementamos planes de desarrollo de carrera (PdCs) para cada integrante del equipo. Quería que todos los que pasaran por aquí sintieran que su crecimiento personal era tan importante como el crecimiento de la facturación. Porque al final del día, una empresa no es más que un grupo de personas que creen en la misma historia. Ver a personas que empezaron con nosotros hace años convertirse en líderes y dueños de su propio camino es, posiblemente, uno de los mayores orgullos de la trayectoria que hoy comparto en esta bitácora.

A veces me detengo a mirar hacia atrás y me invade una gratitud que casi me deja sin aire. No es una gratitud vacía, es la conciencia de que cada pieza del rompecabezas, incluso las que parecían no encajar, tenían un lugar. Pienso en los días en los que me sentaba a estudiar en uno de los cursos que ofreció Neil Patel, tratando de descifrar cómo se posicionan las marcas en este ruido digital que llamamos internet. O en las horas de entrenamiento con la agencia Mestre SEO (del gran maestro, Fabio Ricotta), aprendiendo que la visibilidad no es vanidad, es la oportunidad de ser encontrado por quien te necesita.

Luego vino el MBA en Gestión de Innovación, que me dio algunas herramientas para dejar de ser un soñador y pensar como arquitecto de cambios. Pero si hubo un momento que me rompió los esquemas, fue el curso de Finanzas en Harvard. Si me hubieras dicho hace diez, veinte o treinta años que yo, hijo de dos árduos trabajadores y guerreros sin formación, de inmigrantes y décadas de tortuosa búsquead por estabilidad, estaría estudiando en Harvard, me habría reído. Me parecía algo impensado. Pero ahí estaba yo, defendiendo valores y persistiendo. Me llenó el corazón entender que el conocimiento técnico no tiene por qué estar reñido con la empatía y la vulnerabilidad. Puedes saber de números y seguir siendo una persona que lidera desde el corazón.

Y ahora, el círculo parece cerrarse de la manera más hermosa. Estoy iniciando un curso en Sciences Po sobre movimientos migratorios. Es como volver a casa, pero con una mirada nueva. Es entender la movilidad humana desde la sociología, la política y la historia, para luego aplicar toda la tecnología de Evocent y toda la estructura de Whooo para hacer la vida de esas personas más fácil.

Mirando este trayecto, solo puedo decir gracias. Gracias a mi maravillosa esposa, a mis amigos y a mi família, a nuestros equipos en Whooo y en Evocent, a todos ustedes quienes me extendieron la mano cuando no tenía mucho que ofrecer a cambio más que un sueño, un ideal. Gracias a los que apoyaron las ideas locas cuando solo eran borradores en una servilleta. Pero también, y esto es importante, gracias a los que criticaron. Gracias a los que empujaron, a los que dudaron y a los que pusieron piedras en el camino. Sin esa resistencia, no tendría la fuerza necesaria para llegar hasta aquí. Las críticas obligaron a revisar convicciones, a fortalecer el «por qué» y a no conformarse con respuestas mediocres.

El éxito, si es que esa palabra significa algo, no es una línea recta. Es un garabato lleno de borrones y tachaduras. Es levantarse un lunes sintiendo que vas a conquistar el mundo y un martes preguntándote si realmente sabes lo que estás haciendo. Y está bien. La vulnerabilidad no es debilidad, es el lugar donde nace la innovación. Si no te permites fallar o sentirte inseguro, nunca te permitirás crear algo realmente nuevo.

Hoy me encuentro en un momento de plenitud, pero no de llegada. No creo que existan los destinos finales, solo estaciones de paso donde recargamos energías para el siguiente tramo. Mi compromiso con la movilidad global es más firme que nunca. Mi fe en que la tecnología puede ser profundamente humana es inquebrantable. Y mi deseo de seguir aprendiendo, desde marketing, diseño, tecnología hasta finanzas o sociología, sigue siendo el de ese niño que un día decidió que el lugar donde naces no debería definir hasta dónde puedes llegar.

Si estás leyendo esto y sientes que estás en medio de una transición difícil, si sientes que tu antiguo mapa ya no sirve, no te desesperes. La incertidumbre es el espacio donde todo es posible. No sueltes tus valores, no dejes de defender lo que crees, incluso si sales de cero. Especialmente si sales de cero. Porque la historia que estás escribiendo hoy, con todo su desorden y sus desafíos, es exactamente lo que alguien más necesita escuchar para no rendirse.

Al final, todos somos navegantes en este mundo interconectado. Algunos construimos los barcos, otros trazamos las rutas, pero todos compartimos el mismo deseo de encontrar un lugar al que llamar hogar, un lugar donde prosperar. Mi trabajo es asegurarme de que el viaje sea un poco menos difícil para ti.

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